17 de enero de 2017

Sueños de nieve

Ya sabéis que antes de leer un cuento, seguimos una rutina que aunque para nada estaba establecida, es imposible que no hagamos todo esto con cada libro que leemos en clase. 

Si Laura no nos quiere dar pistas del libro que vamos a leer (y aún lo tiene escondido en su armario o su bolso de gatos), le pedimos que nos enseñe la portada. (A veces hasta suplicamos el ver la contraportada y el lomo).

No podemos empezar a leer ningún cuento sin haber visto bien cada una de las partes del libro.

Observamos con atención cada detalle de la portada, imaginando la historia que guarda en su interior. Jugamos a leer el título (o si es en minúsculas nos lo lee la profe), y con esa pista volvemos a replantearnos el tema del libro. Leemos también como se llama el autor (que es el que escribe el cuento) y el ilustrador (que es el que hace los dibujos) y  a veces descubrimos que una misma persona hace todo. Leemos también el nombre de la editorial que es la empresa que imprime y pone esa historia en forma de libro.

El lomo, que suele llevar el título del libro y también el dibujito propio (logo) o nombre de la editorial. A veces nos sorprendemos descubriendo una pequeña imagen del protagonista o de algo significativo del libro.

Las guardas, que son esas hojas que protegen al libro, a la historia. Y hacen que las tapas (portada y contraportada) se unan a las páginas. A veces las guardas son de un color liso. Pero las que mas nos gustan son las que llevan dibujitos, que por supuesto tienen que ver con la historia que guardan.

Las páginas a su vez, tienen un número, ese número indica el orden de esas páginas y si vamos a la última descubrimos cuantas páginas en total tiene un libro.

La contraportada a veces también nos da pistas, por ejemplo si vemos que es gruesa y además tiene una especie de cajita de plástico o botón, sabemos que ese libro va a tener sonidos.

Y este es el caso del cuento del que os vamos a hablar hoy.

Se titula Sueños de nieve.

Cuando Laura nos enseñó la portada tuvimos una duda, ¿era un libro de Papá Noel?. Se acercaba la Navidad y ese señor gordote de la portada nos confundió un poco. Pero uno de nosotros dijo:

- No, no es Papa Noel. Su gorro no tiene pompón. 

Y tras esta aclaración, se despejaron todas las dudas y ya no se habló más.

La portada además estaba llena de copitos de nieve, y esos copitos eran suaves, de terciopelo.

La historia comienza con la presentación del protagonista, un granjero que tenía una pequeña granja, tan pequeña que solo tenía cinco animales. Como eran poquitos los llamaba: uno, dos, tres, cuatro y cinco. Además tras los establos también tenía un arbolito, y lo llamaba árbol.


Todas las mañanas daba de comer y limpiaba a sus animales y por las tardes merendaba una rebanada de pan con miel y un poleo. 


Muchos días se quedaba medio dormido en su sofá, y uno de esos días nuestro granjero tuvo un sueño muy especial.

Soñó que nevaba y que una fina capa de nieve cubría cada uno de los animales.

Cual fue su sorpresa cuando al despertar vio todo blanco, ¡había nevado!. ¿Realmente había sido un sueño?

Esto hizo que recordara que casi no llegaba a algo muy importante. Así que se abrigó mucho con su abrigo calentito, sus botas calentitas, su gorro calentito y sus guantes calentitos y salió corriendo despertando a su paso a uno, dos, tres, cuatro y cinco.



Había cogido una caja y un saco, que vació en cuanto llegó a su árbol. Y allí...


¿Qué creéis que pasó?

Cómo veis es un cuento sencillo, con unas ilustraciones preciosas. Pero aún no sabéis lo más chulo del cuento.

Os hemos contado que nevó, y que el granjero en su sueño fue viendo como todo se iba cubriendo de nieve. Esa nieve tapó a cada uno de sus animales, incluso a él. Y en el cuento estas escenas se representan de una forma que nos dejó con la boca abierta.

¡Mirad, mirad!



¿Qué os parece? Al pasar la hoja transparente (acetato) los copos y la nieve desaparecían y se quedaba al descubierto los animales de su granja.

Nosotros al ver esa "magia", le dijimos a Laura que queríamos tener algo así (por pedir que no quede).

Así que no sabemos como se le ocurrió, pero a los días nos explicó la manualidad qué ibamos a hacer.

Por un lado completamos en una cartulina los elementos que faltaban para escenificar una parte del cuento. 

Teníamos una casita pequeña y una grande, pero faltaban el granjero y ss animales. Además pusimos los nombres y los números. Tras recortarlo y pegarlo en otra cartulina solo faltaba hacer el árbol. Y también le pedimos a la profe que queríamos poner el botón (el botón que al pulsar en el cuento hacía que sonara una canción, de ahí que el libro tuviese en la contraportada una cajita).


No hicimos copos de nieve, porque eso lo íbamos a hacer de otra manera.

Lo primero era hacer circulitos, y que mejor que hacer circulitos de papel que un taladro. Pero no uno de los de la pared, si no de esos que utilizan los mayores para hacer agujeros en los folios y después meterlos en cuadernos de anillas. A nosotros nos encantan. Lo mejor, abrir la tapa que tiene abajo y ver todos los circulos que salen. Los fuimos guardando en una bandejita para que no se perdieran.


Al principio íbamos haciendo los agujeros por el borde de los folios, pero claro por dentro ya no se podían hacer. Hasta que Laura nos explicó el truco de doblar la hoja, de esa manera llegábamos a muchos mas sitios.

Después esos círculos había que meterlos en unos plásticos. 


Son unos plásticos especiales que tienen dos hojas pegadas. Había que ponerlos con paciencia, despacito para que no se pegaran unos con otros.

Después esos plásticos se meten en una máquina que da calor... se quedan duros, como todos los carteles, fotografías y tarjetas que tenemos en clase. A eso se le llama PLASTIFICAR.

Pero nada como ver cómo era esa máquina mágica. Así que por grupos nos fuimos de excursión a la cabina de Jorge, el conserje, uno de los pocos espacios que no conocíamos del cole.

Y allí estaba, una cosa alargada de color negro y gris, con botones y una pantalla que indica cuando se pueden meter los plásticos.

Nuestras caras al ver que entraba de una manera y salía por el otro lado de otra...no tienen precio.





Esos plásticos por dentro son un poco rugosos y tienen dentro un pegamento que no se te pega en los dedos. Dentro de la máquina hay unos rodillos que hacen que las hojas pasen de un lado a otro. Y como la máquina está caliente, ese calorcito hace que el pegamento que tienen dentro los plásticos se funda, y haga que se pegue y se quedé más duro.

Y así con nuestras hojas plastificadas ya solo faltaba montar la nieve sobre el paisaje.


Y esto no quedó aquí, porque aún teníamos una sorpresa más.

Laura nos hizo unas fotos con el gorro de Papá Noel haciendo una postura un poco rara. Teníamos que representar que estaba nevando. Ni le preguntamos porqué nos hacíamos esa foto, como nos encanta posar, no le dimos más importancia.

Pero cuando vimos esto... lo entendimos todo.






¿Os gusta?

Cómo veis un libro que nos ha dado mucho juego.

Antes de terminar os queremos dejar un vídeo del cuento, pero sin ninguna duda os recomendamos que paséis por una biblioteca o una librería, para disfrutar de él. (Hay varias versiones diferentes, entre ellas una de cartoné con solapas y también esta que es un libro sonoro).



En nuestro Árbol de los Cuentos, este fantástico libro también tiene su hoja, esta vez, con un cerdito (como el que aparece en el granja).


Sueños de nieve
Eric Carle
Kókinos, 2013






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