El chinito quería ser artista y pintaba jarrones, abanicos y biombos. Como era
muy travieso y algo presumido, un día encontró en su casa un frasco de
colonia y se empapó el pelo; al momento vio horrorizado que su coleta crecía y
crecía rápidamente hasta llegarle a la cintura y luego al suelo, y luego salía
por debajo de la puerta y se extendía por el pasillo.
- ¿Qué es esto? - se preguntó asustado.
- ¡Esto es que te has echado mi tónico crecepelo!
- gruñó el abuelo Ki - Fu - En castigo has de quedarte así: jamás te cortarás
la coleta ni un centímetro. ¿Lo oyes?.
- Sipi - Contestó Chin - Cha - Te, lloriqueando.
Cierto día estaba Chin - Cha - Te en su tienda con su descomunal coleta
enrollada a modo de bufanda, cuando pasó por allí para comprar abanicos nada
menos que La - Pa - Ka, princesa de Pekinini, y nada más ver al chinito se
enamoró.
- ¿Te quieres casar conmigo?
- Soy muy feo, tengo los ojos pequeños y la coleta muy grande.
- No me importa. A mi lado te crecerán los ojos y jugaremos a la comba con tu
coleta.
Chin - Cha - Te dijo que bueno.
Pero el rey dijo que malo, que su hija la princesa La - Pa- Ka no podía casarse
con un bohemio.
- ¡Quiero al chinito, papá!
- Hija mía, ¡estás como una cabra! ¿Cómo vas a casarte con un pintaabanicos
? Y además, con ese nombrecito que tiene... ¿ No sabes que están anunciandas
tus bodas con el príncipe Kata - Pun - Chin - Chon ?
- Si, lo sé, rey padre... pero es que...
- ¿Es que Chin - Cha - Te es más guapo?
- No es que sea más guapo, es que es más bueno.
- ¡Más bueno es Kata - Pun, que lleva cinco años guerreando para poderte
ofrecer seis islas como regalo de boda!
- ¿Y para qué quiero seis islas, padre? Yo lo que quiero es saltar a la comba
con la coleta de Chin - cha - Te.
De un momento a otro tenía que llegar al palacio el príncipe Kata - Pun -
Chin - Chon.
Paseaba muy triste la princesa por uno de los puentes del gran foso cuando es
un descuido cayó al agua, que estaba llena de cocodrilos.
- ¡Glu! ¡Glu, glu! ¡Me estoy ahogando!
¡Salvadme! ¡Salvadme!
Kata - Pun se rascaba el casco pensando... Tirarse sobre
aquellas aguas llenas de bichos, la verdad, era como para pensarlo...
- ¡Espera! - gritó a la princesa.
- ¡No hay tiempo para esperar! - sonó la voz del valiente Chin - Cha - Te, que
, oportuno, andaba por los alrededores.
Chin - Cha - Te, con gran destreza, desenrolló su coleta y la lanzó al agua.
- ¡Cógete bien, oh Pa - Ka mía: no temas hacerte daño!
El chinito tiró de su coleta hasta subir a la superficie a la princesa en el
momento en que uno de los cocodrilos nadaba hacia ella.
La princesa, toda mojada, dijo al príncipe guerrero:
- ¡Chin - Cha - Te!
Y Chin - Cha - Te, todo contento, exclamó:
- ¡Bella Pa - Ka!
- ¡Hija mía! - dijo el rey, que tembloroso había estado contemplando el
accidente - ¡Dame un besito, y dame otro besito, Chin - Cha - Te!
Los besó emocionado y, dirigiéndose al cobarducho del príncipes, habló:
- Lo siento por ti, Kata - Pun -Chin - Chon, pero la mano de mi hija, la princesa
La- Pa- Ka, es para el valiente Chin - Cha -Te.